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Factibilidad técnica, viabilidad financiera: por qué no son la misma conversación

Cuando alguien presenta una idea de proyecto, la primera pregunta que aparece casi siempre es: ¿se puede hacer? Y la respuesta, en la mayoría de los casos, es sí. Con los recursos correctos, el equipo adecuado y el tiempo necesario, casi cualquier proyecto es técnicamente posible.

El problema es que esa pregunta no es la más importante.

La pregunta que realmente define si un proyecto debe arrancar es otra: ¿tiene sentido hacerlo?

Dos conceptos que suenan parecido pero no lo son:

1. La factibilidad técnica responde si el proyecto se puede ejecutar. Considera el terreno, las regulaciones, los materiales, los sistemas, la ingeniería. Es el análisis de si existe una solución técnica para lo que se quiere construir.

2. La viabilidad financiera responde si el proyecto genera valor suficiente para justificar la inversión. Considera el retorno esperado, el costo de capital, el flujo de caja durante la ejecución, el riesgo de mercado y la capacidad real de absorber imprevistos.

Un proyecto puede pasar todos los filtros técnicos y no cerrar financieramente. Y eso no lo hace un mal proyecto necesariamente, lo hace un proyecto que necesita ser replanteado antes de comprometer capital.

Dónde ocurre la confusión

En la práctica, la confusión entre ambos conceptos ocurre porque los estudios técnicos y los estudios financieros muchas veces los hacen equipos distintos, en momentos distintos, sin que nadie esté integrando ambas perspectivas al mismo tiempo.

El equipo técnico entrega un diseño que funciona. El equipo financiero revisa los números sobre ese diseño. Y si los números no cierran, la conversación se convierte en cómo reducir costos de construcción, cuando el problema real puede estar en el modelo de negocio, en el uso del suelo, en el momento del mercado o en la estructura de financiamiento.

Cuando esa conversación ocurre tarde, ya hay honorarios pagados, compromisos adquiridos y expectativas creadas. El costo de replantear no es solo económico.

Lo que cambia cuando ambas conversaciones ocurren juntas

Cuando la factibilidad técnica y la viabilidad financiera se analizan de forma integrada desde el inicio, el proceso es distinto.

Las decisiones de diseño se toman con información sobre su impacto en el retorno. Las alternativas se evalúan no solo por si funcionan técnicamente, sino por cuál genera mejor valor. Y si el proyecto no cierra, esa conclusión llega antes de que el capital esté comprometido, cuando todavía hay margen para ajustar.

Con más de 132 proyectos gerenciados en la región, hemos visto que los proyectos que mejor cierran no son los que tuvieron el mejor diseño. Son los que tomaron las decisiones correctas en el orden correcto.

Esa es exactamente la etapa donde vale más tener una mirada independiente.

En Meridia acompañamos proyectos desde las etapas tempranas, donde las decisiones todavía son baratas de tomar. Si estás evaluando un desarrollo o una expansión, con gusto conversamos.